Este capítulo define el marco teórico y metodológico en el que fundamento todas las ideas que después voy a desarrollar en el libro. No busca ser una recopilación de ejercicios ni un manual cerrado sino más bien un intento de exponer todas las ideas que aprendo y descubro día a día. Esta pensado como una forma de poner en papel muchas ideas y conceptos que me enseñan gente con más conocimientos y experiencia que yo.

“Ser entrenador no es controlar todo lo que ocurre en la pista, sino decidir cuánto espacio dejas al jugador dentro del proceso.”
(Leer artículo: Dos maneras de dirigir un equipo)

No son ni la táctica ni los sistemas lo que nos distinguen como entrenadores si no es la manera en la que nos relacionamos con nuestros jugadores, con nuestros compañeros y los métodos que utilizamos. Ser entrenador no es lo mismo de controlar cada movimiento, no se trata de dirigir organizar y mandar, se trata de orientar, de incitar y establecer situaciones que ayuden al aprendizaje. No es tomar decisiones por los jugadores ni obligarles a hacer las cosas sin explicarles el motivo, Se trata de formar, de ayudar, de colaborar, de intentar que ser coherente con nuestros principios y aplicarlos en la pista

Principios formativos personales

Mi trabajo como entrenador se apoya en tres ideas fundamentales. Por un lado, ayudar a los jugadores a conocerse a sí mismos a llevarlos a los límites a obligarles a hacer un poco más siempre de lo que tendrían ganas de hacer por otro lado y sin duda para mí el más importante es ayudarles a amar el juego a disfrutar a sentir pasión por lo que están haciendo y como último y también importante para su desarrollo como jugador es ayudarles a comprender el juego

Creo que nuestro legado como entrenadores no se puede basar en los resultados sino en el impacto que dejamos en los jugadores, en escucharlos, en acompañarles, en exigirles, en desafiar y liderar con el ejemplo.

"Si algún día me echan, me tendrán que echar por haber hecho las cosas como yo quiero. Siempre siguiendo mis convicciones. Nunca pienso en cambiar sino en mejorar lo que hago" Paco Jémez.

“Sabes que te echarán, pues que sea por hacer aquello en lo que crees”. Lucas Mondelo

«El primer impulso es pensar que tú eres el entrenador y tienes que controlar todo. Pero ser entrenador no significa controlar; significa guiar. Me di cuenta de que no iba a conseguir nada diciendo tienes que hacer esto, eso otro y aquello de más allá» — Steve Kerr.

Un entrenamiento no se puede basar en crear ejercicios y repetirlos uno tras otro automáticamente, la idea tiene que ser que en el entrenamiento se creen contextos donde el jugador aprenda a decidir a ejecutar, a pensar, a adaptarse. Es por eso que cuanto más se parezca el entrenamiento al juego real mayor será la transferencia en la competición.

Especialmente en formación la toma de decisiones debe ser el eje principal del aprendizaje. No se trata de que ejecuten las órdenes sino de que las entiendas, de que sepan que tengo que es lo que tienen que hacer en cada momento aunque lo hagan mal. El error debe ser una herramienta para mejorar, no puede ser motivo de castigo ni ridiculización y el jugador debe ser protagonista activo del proceso, tiene que estar siempre en el foco de nuestra forma de entrenar.

El diseño de la tarea es más importante que la cantidad de consignas del entrenador.

Las tareas deben incluir interacción motriz, oposición, incertidumbre y necesidad de adaptación.

Principios metodológicos

Existen cinco ideas que he extraído de lecturas de la corriente de pensamiento de “la escuela de Granada”, encabezada por David Cardenas, Miguel Ángel Ortega Toro y José María Alarcón López y que me permito el lujo de resumir en pocas palabras;

Aparición; Los contenidos deben entrenarse con una frecuencia parecida a la que aparecen en el juego real.

Necesidad; Las acciones no se introducen artificialmente: el ejercicio debe provocar que aparezcan porque el juego lo exige.

Variabilidad; Las tareas deben cambiar condiciones, espacios, número de jugadores o reglas para evitar aprendizajes rígidos.

Continuidad; Las acciones no se entrenan aisladas, sino conectadas con lo que sucede antes y después en el juego.

Transferencia; El aprendizaje debe poder aplicarse directamente al contexto competitivo.

Una organización eficiente implica menos filas, más balón, ritmo alto y exigencia cognitiva constante.

Son muchas las ocasiones en las que he pensado que simplemente con explicar algo la idea quedaba clara. Con el tiempo he aprendido que hablar no es comunicar. Hablar es emitir palabras. Comunicar es conseguir que el otro entienda, sienta y actúe en consecuencia.

Comunicar es saber inspirar, motivar y orientar.

En el entrenamiento existen varias claves que marcan la diferencia. La primera es utilizar un lenguaje claro y concreto. No es lo mismo decir “sé más intenso” que decir “llega antes al close out”. Lo primero es una intención; lo segundo es una acción que el jugador puede ejecutar.

La segunda es explicar el porqué de las cosas. Cuando el jugador entiende la lógica del ejercicio o de una corrección, la atención cambia y el aprendizaje se vuelve mucho más profundo. El feedback deja de ser una orden y pasa a ser una herramienta de crecimiento.

La tercera es mantener coherencia entre el lenguaje verbal y el no verbal. Muchas veces nuestras palabras dicen una cosa, pero nuestro cuerpo está enseñando otra. El tono de voz, la mirada, la postura o la forma de intervenir transmiten tanto como las propias palabras.

Y hay un último aspecto que a veces olvidamos: el clima emocional del entrenamiento. El ambiente que generamos condiciona directamente la creatividad, el atrevimiento y la toma de decisiones de los jugadores. Cuando el jugador se siente seguro para intentar, para equivocarse y para volver a intentar, la comunicación del entrenador deja de ser solo información y se convierte en aprendizaje real.

Siempre se considera que un entrenador es bueno si sus partidos se cuentan por victorias. Sin embargo, los partidos son una herramienta más dentro del proceso de formación. No deben ser el objetivo final, sino una parte del desarrollo de los jugadores.

Deberíamos entrenar la comprensión del juego y la toma de decisiones, aceptando el error como parte del aprendizaje, y no entrenar únicamente para ganar partidos.

Las ideas expresadas son desde la visión de un entrenador formativo más centrado en guiar, en buscar buenos contextos de aprendizaje, en ayudar a que los jugadores se conozcan a si mismos, que amen el juego y lo entiendan por encima de tácticas y resultados

Propondré la planificación de entrenamientos basados en que los ejercicios sean lo más parecido a el juego real y basados en la toma de decisiones.

Destacaré la importancia de la comunicación en la toma de decisiones y el uso de los partidos como una herramienta más dentro del proceso de aprendizaje.

En definitiva, plantearé que el verdadero legado del entrenador no está en los resultados, sino en el impacto formativo que deja en los jugadores.

PARTE I – Capítulo 01. Marco teórico y metodológico del entrenador formativo